Crónicas de sociedad

Publicado por caboclo

 

De Memorias de días extraños,
de Jean-Cristophe de la Villebaune,
gentilhombre.


 

Las veladas líricas de la duquesa de Clignanterre se han convertido en los últimos años en un fenómeno social parisino. A ellas asisten, casi como a una ceremonia secreta, poetas y nobles, soldados y banqueros. Las convocatorias resultan de lo más misterioso, pues los invitados encuentran al despertar un sobre color marfil sobre la almohada y en su interior una nota deliciosamente caligrafiada por la mano de la propia duquesa. El aroma que desprende el papel impregnado en agua de magnolias -el olor que emana de tan singular señora- se aferra a los sentidos y permanece latente entre los pliegues corporales hasta el mismo instante en que la velada termina con el recitado de un poema compuesto ex profeso por la anfitriona.

Se cuenta que la percepción de la realidad cambia dramáticamente desde que la invitación es recibida hasta el fin del acto cultural. Una tonalidad azulada, fría, quizás, aunque de indudable elegancia, domina en objetos, vestidos y rostros. “Somos seres transformados por la gracia concedida”, me han susurrado innumerables veces quienes tuvieron la fortuna de ser invitados a alguna de estas reuniones. “Por el poder de la palabra, las pequeñeces del mundo sensible son dinamitadas -comentó un antiguo oficial de La Grande Armee, veterano de Smolensko-. Los primeros lectores, gente desconocida en el gran mundo parisino, son la vanguardia que abre brecha en las defensas pragmáticas con que todos nos protegemos. Tras ellos llegará el núcleo del ejército lírico para derrotarnos y, al fin, la voz melodiosa de la Clignanterre tomará posesión del campo del honor. ¡Bendita derrota!”. Todos los testimonios coinciden en que las veladas suponen un verdadero renacimiento, una suerte de epifanía de la que beber en días subsiguientes: abandonan el palacio transformados y plenos quienes llegaron envueltos en rutina y alienante laboriosidad.

De la duquesa se sabe poco. No se prodiga en actos sociales ni pasea a caballo o en carruaje por los nuevos bulevares con que el Emperador ha embellecido la ciudad. Jamás se la ha visto en la ópera y de su aspecto físico solamente se destaca la dominante azulada. Ni siquiera aquellos que han asistido a más de una velada son capaces de describir los rasgos que conforman el rostro de tan singular señora. Simplemente aluden de manera vaga a su altísima belleza, a lo incomparable de su mirada y al terciopelo de una voz que rinde a quien la oye. Y al aroma, por supuesto, esa fragancia de purísima magnolia que envuelve la existencia de los pocos afortunados. Resulta tan misteriosa la anfitriona que muchos redactores de gaceta han intentado reconstruir con los retazos de información conocida la biografía de la dama. Sin embargo, por extraño que parezca, les ha sido imposible engarzar más de un dato en un texto coherente. “Llega un momento -me comentaba un viejo conocido- en que es imposible enlazar una palabra más. En ese instante, como suele ser habitual, se vuelve a las páginas precedentes para releer lo escrito; pero un vacío inesperado invade el corazón y todo pierde sentido. La única solución es arrojar los papeles a la chimenea”. Me consta que las palabras de este gran amigo podrían ser corroboradas por tantos como han intentado similar empresa, de modo que el resultado de tan sorprendentes circunstancias es un manto de anonimato y vaguedad sobre la personalidad de la anfitriona parisina más admirada del momento.

Posiblemente porque el destino de estas Memorias no sea la publicación, sino, más bien, poner en orden un entorno complejo y a menudo incomprensible, mi tarea de reconstrucción ha podido llegar algo más lejos. Aun asumiendo que nada concreto puedo aportar sobre el personaje, he conseguido rescatar un dato relevante que pudiera arrojar algo de luz. En los archivos de la Conciergerie es posible consultar el listado de personas ajusticiadas en los tiempos del Terror. Buscaba no hace mucho algo de información para un proyecto que llevo décadas retrasando cuando el puro azar colocó ante mis ojos el nombre de Clignanterre. La duquesa, último miembro de su estirpe, sin descendencia, como pude comprobar más tarde, fue conducida a la guillotina en la mañana del 24 de enero de 1794. Tenía veintisiete años y, según se afirma en una nota crítica publicada en Le Père Duchesne, “quiso caminar hacia el cadalso vestida de azul, como si la muerte entendiese algo de simbologías cromáticas, de azul borbónico o de flores de lis”.

Han transcurrido casi setenta y cinco años desde entonces, y la razón dicta que la Clignanterre de las famosas veladas de hoy no puede tener relación con aquella que afrontó su hora decisiva envuelta en color azul. No obstante, es absolutamente cierto que la estirpe y el título murieron aquella gélida mañana de invierno y que ninguna referencia posterior a dicho nombre puede encontrarse. Se hace evidente, pues, la impostura de quien hoy quiere capitanear la vida social parisina cultivando el misterio sobre su persona para ocultar así su mentira. Sin embargo, hay en todo cuanto rodea al personaje un halo de misterio que impide conformarse con una explicación tan simple, racional y pragmática. La insistencia de quienes han mantenido algún contacto con la señora en la dominante azul, en el repentino olvido de su rostro o en la fragancia de magnolias no hace sino enviarnos a un pasado ya lejano que no parece haber muerto completamente.

Categoría: Maxituras, Memorias de días extraños | 0 Comentarios

Habitación sellada

Publicado por caboclo

 

Hubo que reventar la puerta con un ariete. Además de la sólida cerradura, el pomo estaba bien trabado con una silla. La habitación a la que daba acceso no tenía ventanas y sus paredes estaban reforzadas con hormigón. Era un auténtico búnquer, un refugio especialmente diseñado para que el propietario de la mansión pudiera guarecerse en caso de asalto.

En el justo centro se encontraba el cuerpo, maltratado con saña y con la cabeza limpiamente seccionada. Los ojos bien abiertos.

No había nada más en la dependencia, salvo un teléfono que pendía desmayado en la pared. La voz dialogante que surgía del auricular descolgado no dejaba la menor duda de que el asesino continuaba aún en la sala.

Categoría: Mediaturas | 0 Comentarios

La novela como puente

Publicado por caboclo

 

Lo mejor que podría decirse de algunas novelas es que despertasen la sed por acercarse a otras. Si esas obras, además, no arrancan lágrimas de dolor al discurrir por la prosa, ya está justificada la lectura. A mi juicio, esta capacidad de hacer recordar  es la principal virtud de la última novela de John Boyne, La casa del propósito especial. En ella, la memoria del lector dispuesto saltará de Ana Karenina a Crimen y Castigo, de Miguel Strogoff al film Anastasia, de la factoría Warner. También es posible que existan lectores que no encuentren el puente que se tiende entre la novela de Boyne y las obras anteriormente citadas. En ese caso, la llegada a la última página del libro se convierte en un momento perfecto para adentrarse en la gran literatura rusa.


Categoría: Microcrítica | 1 Comentarios

Las voces y los ecos (I)

Publicado por caboclo

 

Al leer El cuaderno de Maya, la última novela de la escritora chilena Isabel Allende, no puedo evitar pensar que la sombra de Lisbeth Salander es ya demasiado alargada. Cierto es que la trama poco tiene en común con las de Stieg Larsson, pero esa protagonista entre niña y mujer resulta demasiado familiar.

Categoría: Microcrítica | 1 Comentarios

Microcrítica

Publicado por caboclo

 

A veces, el microcuentista olvidaba mirarse y dirigía sus ojos hacia fuentes librescas. En esos momentos, el alma de crítico literario que dormía sepultada en su interior afloraba; aunque solamente en pequeños fogonazos que era incapaz de desarrollar posteriormente y, mucho menos, justificar. Era la suya una crítica basada en la intuición impresionista, hija de la opinión gratuita y a todas luces parcial más que del criterio firmemente asentado en el conocimiento adquirido.


En otras ocasiones, el microcuentista jugaba también a fingirse microsemiótico. Pero eso solamente sucedía en las noches de luna llena en que estaba demasiado cansado para salir al bosque a cazar.


Categoría: Microcrítica, El microcuentista | 1 Comentarios

Taxonomías

Publicado por caboclo

 

Tiene ya doce años y todavía le gusta jugar con sus muñecos, manosearlos, formar alianzas entre ellos e inventarles historias. A veces son aventuras increíbles que erizan el vello de los brazos; en otras ocasiones, simples, aunque intensas, historias de amor. Pero en todos sus relatos figurados hay culpables y víctimas, ofendidos y malvados que no comprenden qué son ni por qué lo son. Sin duda, el momento más difícil del juego llega con la recogida. En un baulito que le regalaron por su último cumpleaños guarda los muñecos con tara, aquellos que perdieron un ojo por mirar a quien no debían o los que añoran el brazo perdido en la agresión a la imponente rubia del Ferrari de color rosa. La envidia es mala consejera y los pobladores del baulito de la vergüenza han sufrido en sus carnes de plástico las consecuencias de dejarse llevar por ella. En medio de la cruel tarea taxonómica que obliga a la niña a revisar con detalle sus posesiones, una voz que asciende por la escaleras, poderosa y dulce a la vez, rompe el silencio del anochecer:


- ¡Pandora! ¡Pandorita, niña, baja ya, que tienes la cena preparada!


Categoría: Monstruos, Mediaturas | 4 Comentarios

La picadura

Publicado por caboclo

 

Fue un leve pinchazo, apenas perceptible. Después, una quemazón se extendió por el cuello, ascendió hasta la coronilla y circunvaló la cabeza en breves segundos. Y como vino desapareció. Esa noche, al calor de las sábanas que se adherían al cuerpo, la esposa lo notó cambiado. Había en sus movimientos un punto de vigor inusual y una perseverancia ya olvidada. "Si acaso, mañana llamamos al médico", le susurró al oído mientras sus manos iniciaban un movimiento descendente que parecía reactivar la maquinaria agotada. Además, la conversación entre ambos se había enriquecido bastante, y tan pronto abordaban el auténtico sentido del fluir del tiempo como el influjo incontestable de Huckleberry Finn sobre The catcher in the rye.


Categoría: Mediaturas | 1 Comentarios

El patio de la fuente

Publicado por caboclo

 

En el rincón, un jazmín. Junto a él, un limonero casi centenario suma el aroma primitivo de sus frutos a la gloria que emana de las diminutas flores. Es el patio de la fuente, donde jugábamos a perseguir avispas y romper las marciales hileras de hormigas. Paredes blancas, irregulares, hermosas por sus desconchones encalados, como mapas de una inocencia que parece diluirse en el calor de la tarde. Sombra. Es el patio de la fuente, donde las filigranas de las mecedoras -enea y madera, paños de encaje blanco- se mueven al compás del chisporroteo del agua. Es el patio de la fuente y, arropado por líneas de tinta, vuelvo a ser el niño que soñaba con descifrar el mensaje oculto en el canto de las chicharras.


Categoría: La casa encantada, Mediaturas | 2 Comentarios

Brujería

Publicado por caboclo

 

Ayer estuvimos en el campo haciendo rutas de orientación por un camino que la seño conocía muy bien. Nos había contado que al final del sendero había una casita toda toda de chocolate y nos reímos mucho, porque conocemos el cuento de la bruja que se quiere comer a los dos niños y no estábamos dispuestos a creerla. Pero mientras nos hacía la broma me fijé en sus ojos brillantes y sentí un repeluz en la espalda al oir su voz sonando de color negro. Pese a todo, reí como los demás y estuve cantando canciones que asustan al mismo miedo, despiertan a los ángeles de la guarda y les avisan de que a lo mejor necesitamos su ayuda.


Después de mucho caminar, por fin llegamos a una casa que no era de chocolate, sino de madera oscura. Allí estuvimos jugando hasta que anocheció y fue hora de volver al autobús. Lo pasé muy bien trepando a los árboles mientras mi amigo y yo gritábamos consignas secretas. Ha sido un día tan perfecto que hasta la seño parecía contenta, aunque vistiese de negro y llevase el pelo rizado y sucio. De vuelta a casa, Pablo y yo juramos enfrentarnos a los niños mayores cuando hablen mal de la maestra y digan cosas feas, como que se ha convertido en bruja porque el marido la ha abandonado o porque se le ha muerto un hijo.


Como somos inseparables, esta mañana he esperado a Pablo para ir juntos al colegio; pero no ha llegado. Después, ya en el aula, la seño nos ha ido nombrando y preguntando qué nos gustó más de la excursión. Me ha parecido raro que saltase a Pablo, que es el tercero, porque se llama Álvarez de apellido, y también que nadie se lo recuerde: siempre que alguien falta se levantan un montón de voces diciendo que no está, que por qué no está, que si sabe alguien dónde está el que falta. También ha sido muy extraña la manera en que me han mirado los otros niños al contar lo bien que lo pasamos Pablo y yo cuando subimos a un árbol para ver un nido de pájaros. Algunos, incluso, se han reído mientras se llevaban el dedo índice a la sien.


Pero lo verdaderamente terrorífico es lo que me ha pasado después. La seño me ha llamado a su mesa y con mucho misterio ha sacado una foto en la que mi amigo y yo estamos persiguiéndonos. Mientras me la enseñaba me ha dicho que nadie se acuerda ya de Pablo, pero que ella sabe que mi amigo del alma regresó por la noche a la casita del bosque y que si sigo hablando de él a lo mejor yo también acabo allí. He aguantado una lágrima y me he vuelto al pupitre. La seño me mira todo el rato y yo me callo y trabajo, porque no quiero pasar toda mi vida en esa casita de madera oscura que hay al final del camino.


Categoría: Mediaturas | 2 Comentarios

La Grande Armée

Publicado por caboclo

 

De Memorias de días extraños,
de Jean-Cristophe de la Villebaune,
gentilhombre.


Una vecina del faubourg de Saint Antoine encontró su cadáver a primeras horas de un frío amanecer de marzo. El cuerpo estaba cosido por cicatrices de origen incierto que dibujaban una historia desconocida, sin duda terrible, quizás heroica. Nada en él ni en las escasas posesiones que lo acompañaban permitía establecer la filiación del difunto, de modo que tras la lógica sorpresa por tan siniestro descubrimiento, la mujer no consideró un acto inmoral apropiarse de la botonadura de plata que albergaba uno de los bolsillos del difunto y siguió con la rutina cotidiana tras informar del descubrimiento a la autoridad competente. El cuerpo fue trasladado al depósito de cadáveres de la beneficiencia en espera del definitivo viaje al cementerio de Pere Lachaise.


Alguien muy cercano a los acontecimientos me ha asegurado que al cabo de unos pocos días la mujer recibió la visita del viejo difunto. Al parecer, con gran enojo en el semblante exigió a la vecina la devolución de la botonadura y abandonó después la casucha maloliente. Cuenta mi confidente que los gritos de horror de la mujer fueron tales que algunos hombres saltaron a la calle armados con maderos y otras armas, que rodearon al viejo, ya con evidentes signos de descomposición, y se arrojaron sobre él. Pero aquel no era ya un cuerpo vivo, sino una imagen desvaída por el tiempo que los instrumentos punzantes atravesaban sin dañar. Solamente los dotados de mayor valor y presencia de ánimo fueron capaces de seguir al aparecido en un largo peregrinar que les llevó hasta el Hospital de los Inválidos. Dicen que ante la puerta que da acceso al patio de armas el fantasma abrió el saquito donde llevaba los botones y los esparció sobre la palma abierta de su mano. A la luz de la luna el grupo de ciudadanos pudo apreciar con claridad meridiana el fulgor del águila imperial grabada en los mismos y cómo el cuerpo putrefacto traspasaba la recia puerta. Al instante, un grito sobrenatural de júbilo viajó por la noche de París: poco a poco, los compañeros de armas, gentes corrientes que protagonizaron el mayor cambio de estado conocido, volvían a encontrarse. Tan sólo faltaban unos meses para que la fragata Belle Poule trajese de regreso el cuerpo del Emperador.


Categoría: Memorias de días extraños, Mediaturas | 1 Comentarios

San Pedro

Publicado por caboclo

 

En mi habitación vivía también San Pedro. Con sus barbas blancas que llegaban hasta la mitad del pecho y la enorme llave aferrada con celo por su mano derecha. Siempre estaba en el mismo lugar y con el mismo gesto. Únicamente variaba la mirada, oscurecida de pena cuando yo había torturado una lagartija o resplandeciente si había sido capaz de terminarme el plato de espinacas. Me parecía San Pedro un termómetro del comportamiento que solamente yo podía comprender. Paradójicamente, en vez de intimidarme su imponente presencia, las casi imperceptibles recriminaciones o la moderada aprobación de su gesto me consolaban.


Muchos años después, al calor de la chimenea y del aguardiente que inhibe las vergüenzas, fui capaz de preguntar a una de mis hermanas cómo era posible que asumieran la presencia del santo con tanta normalidad.


- ¿Qué San Pedro? -me preguntó con extrañeza-. ¡Ah! El santo que dejaron en la casa mientras se terminaba la obra de la iglesia.


En ese instante me sentí ridículo por recordar que en las noches de verano, cuando el calor impedía coger el tren del primer sueño, el santo murmuraba por lo bajo y lloraba al verse abandonado en una casa tan grande y tan vacía. Tan sólo era un niño, pero en el rumor que brotaba del pecho de San Pedro aprendí lo difícil que es alcanzar la felicidad, incluso para los santos enormes que deciden la entrada en el Paraíso, incluso para las imágenes de madera olvidadas.


- Sí, sí, la imagen estaba comidita de ratones. Por la noche formaban un escándalo tremendo que no dejaba dormir a nadie.


Y como si no tuviera mayor importancia, mi hermana se sirvió otra copa de anís, se acomodó el chal de lana que cubría sus hombros y cambió el rumbo de la conversación.


Categoría: La casa encantada, Mediaturas | 3 Comentarios

¿Final?

Publicado por caboclo

 

El microcuentista es frágil y asustadizo. Siempre que termina un relato piensa que será el último. Los años le han enseñado que siempre queda otro; al menos una historia más, aunque sea la de un microcuentista al que se le han acabado las historias y, con mucho esfuerzo, es capaz de reunir palabras que se refieren a un microcuentista sin tramas ni personajes que decide finalizar con un relato sobre un microcuentista sin relatos potenciales, tan sólo el de la despedida. El microcuentista sufre mucho con estos pensamientos en bucle y huye de ellos sumergiéndose en la realidad. Pero la realidad es tan poco interesante a veces que, después de un tiempo de observación minuciosa y obsesiva, decide mejorarla, con una pincelada aquí y una anécdota de allá. Entonces, el microcuentista regresa desde el Hades, como si de un nuevo Orfeo se tratase. Y es que no estaba muerto, no, no; que estaba tomando cañas.



Categoría: Mediaturas | 2 Comentarios

Náufrago en el mar de las citas

Publicado por caboclo

 

Le gustaba hacer paisaje, así que buscó una situación de espectacular contraluz para anunciar su vuelta, al tiempo que mantenía entre sus dedos, bien afirmada, la pipa de caña que solía emplear para las ocasiones en que la determinación y confianza se convertían en el núcleo de su propuesta. Después se fue, y no hubo nada más, acaso una imperceptible estela dejada en la retina por la celeridad de su huida. Pasó el tiempo y regresó, tarde, pero llegó. Siempre buscando el contraluz que lo siluetease, miró en derredor y con el fulgor de su mirada la victoria incuestionable se produjo. Mientras contemplaba cómo los cadáveres de los enemigos desfilaban en hilera ante su puerta comprendió que, sin duda, los límites de su lenguaje eran también las fronteras de su pensamiento. Esa noche descansó feliz. Quienes lo observaban, sin embargo, sólo pensaban en la majadería de aquel que había convertido su existencia en una sucesión de refranes, citas e ideas ajenas.


Categoría: Mediaturas | 0 Comentarios

Decidnos, el caballero...

Publicado por caboclo

 

Hay que ir paso a paso para que cada elemento ocupe su lugar preciso. Los zapatos, siempre negros, envuelven el aún más negro de los calcetines; la raya del pantalón parte con simetría el muslo; el cinturón ciñe el vientre dos dedos por debajo del ombligo; la camisa sin una arruga; la corbata, con su doble nudo, oculta la fealdad del cuello abotonado. Y la chaqueta, claro. La apariencia general debe ofrecer contraste entre lo oscuro exterior y la claridad simbólica de la camisa.


Ya estás casi listo. Unos toques en el cabello, algo de colonia para refrescar el rostro y a la calle pues, a la queste, que los dragones aguardan donde menos se espera, tras la esquina de los juzgados, en el alero de la catedral o en la cafetería del edificio de oficinas. A luchar con valor, caballero de pureza, último baluarte de nuestras esperanzas, en ti confiamos los desgraciados hijos de Eva. A la gloria, a la gloria, o al fracaso.


Categoría: Mediaturas | 0 Comentarios

Cumpleaños

Publicado por caboclo

 

Habitualmente comemos sano: ensalada de zanahorias, tomate y remolacha, por ejemplo; legumbres o pasta; pescados y carnes que aporten las proteínas necesarias, aunque en dosis moderadas; mucha fruta fresca y lácteos. La dieta que seguimos resulta a veces demasiado rígida, pero solemos interrumpirla cuando es el cumpleaños de alguno de nosotros, porque en esas ocasiones el homenajeado elige el menú del almuerzo. Hoy me toca escoger y les he sorprendido a todos al pedir setas gratinadas, de primer plato, un buen entrecot de ternera con guarnición de patatas y verduritas, de segundo, y, para terminar, tarta de manzana con mermelada. Aunque sé que se habrán sentido defraudados, este año he decidido demostrar mi astucia: de madrugada, cuando la casa duerma, me acercaré sigiloso a la nevera para comer el bebé que trajo ayer mamá pensando en mi fiesta. No por ser el más pequeño van a aprovecharse siempre de mí.


Categoría: Mediaturas | 1 Comentarios

La orquesta del Titanic

Publicado por caboclo

 

Sin duda, algo extraño sucede en la posición 41.44 Norte y 50.24 Oeste, el lugar exacto donde colisionó el Titanic. Las tempestades se serenan en ese punto, imponiéndose una fúnebre tranquilidad. Hay quienes han visto flotar sobre las olas figuras humanas de mirada lánguida que desaparecen al acercarse y quienes hablan de un frío sobrenatural que atenaza los músculos y el alma. Yo sólo sé que allí, justo en ese lugar, he oído música, una versión un tanto especial de "Nearer, my God, to Thee", y que el violinista desafinaba como un condenado.



Con este relatillo participé sin éxito en el I Concurso de El Microrrelatista. Quisiera felicitar desde esta página a los ganadores y mencionados, todos ellos clarísimos merecedores de la distinción. Por supuesto que también he de destacar la labor encomiable de Torcuato, organizador y alma del evento. ¡Que no pare la fiesta!


Categoría: Mediaturas | 4 Comentarios

El saloncito azul

Publicado por caboclo

 

De Memorias de días extraños,
de Jean-Cristophe de la Villebaune,
gentilhombre.


Tras arrollar con ímpetu indomable al criado de puerta, la salvaje horda fue recibida por la marquesa de Lisette en la antesala del palacio. La sola presencia de su distinguido porte fue capaz de apagar los gritos reivindicativos y difuminar la desesperación que causara el asalto. Con el te y las pastas que esperaban en el gabinete de verano la turbamulta no pudo sino rendirse ante la elegancia en el trato, delicadeza y saber estar de la dueña de la mansión. Todavía hoy se oyen las voces que en amigable conversación intercambian cumplidos, comentarios sobre los estrenos teatrales de la temporada y tímidas referencias a esa chusma iletrada que cree poder acabar con el orden natural de las cosas. La marquesa, su figura silueteada, se adivina tras los visillos de la gran cristalera que da al jardín. Ella, como siempre, sigue reinando en el saloncito azul, rodeada de caballeros vestidos de marrón y gris oscuro que portan en sus pechos una escarapela tricolor.


Categoría: Memorias de días extraños, Mediaturas | 3 Comentarios

Aves

Publicado por caboclo

 

En algún lado había leído que la literatura no era más que un arte del engaño. Nunca creyó en tal afirmación, ni siquiera cuando las golondrinas del tiempo devoraban el alero del tejado o al oír el desagradable graznido de las gaviotas emponzoñando los atardeceres de aquella playa sucia de gentes y basura. Para él, la verdad de los versos que enjaulaban a estas aves estaba fuera de toda discusión, pese a que la experiencia directa lo negase. No obstante, los acontecimientos terminan por situar cada idea en su lugar correspondiente. Una bala perdida acabó con su vida en la página 142 de la novela que leía arropado por el piar de los pájaros del parque. En la página siguiente, los mismos malhechores causantes de su muerte tomaron el cuerpo y lo arrojaron en un vertedero. Las grullas, garcetas y cigüeñas que se alimentan de la basura tuvieron esa mañana un verdadero festín. Desconcertado e inerme, se dejó picotear mientras buscaba con afán en su memoria un verso, sólo uno, que mostrase la brutal condición de estas aves.


Categoría: Mediaturas | 3 Comentarios

Vacaciones

Publicado por caboclo

 

Como cada primavera, el microcuentista se tomó unos días de descanso. Guardó la libreta en el fondo del cajón, cerró el libro de microrrelatos que estaba leyendo, desconectó el ordenador y abrió Guerra y paz.



En fin, que descanso hasta la próxima semana. Buenas vacaciones de Semana Santa a todo el que pueda disfrutar de ellas.


Categoría: Miniaturas | 2 Comentarios

Mentiras piadosas

Publicado por caboclo

 

Le gustaba mentir. Pensaba que así hacía un poco más feliz a su madre, que lo veía salir de la casa armado con su balón, sus botas de fútbol y la mirada de depredador del área heredada del padre. Cosas de la genética. En cuanto doblaba la esquina, sin embargo, dejaba de fingir determinación futbolística y aceleraba el caminar hasta el viejo túnel del ferrocarril. Allí se sentía seguro y libre; podía ser un salteador de caminos o el comandante de una nave espacial; podía surcar mares desconocidos o sufrir la angustia de quien se ve transformado en un ser despreciable. No había marcajes al hombre en las vías abandonadas, tan sólo líneas de texto que cada tarde conducían a un destino desconocido.


Relato presentado en el concurso semanal Dónde lees tú (abril de 2011).


Categoría: Mediaturas | 1 Comentarios

Ramón

Publicado por caboclo

 

De tantas veces como habíamos jugado con Ramón a las escondidillas, teníamos ya una rutina muy bien desarrollada. En cada ocasión, alguien tenía que sacrificarse, ir a su casa y convencerlo de que viniese con nosotros. Era muy importante que su madre abriera la puerta, porque así la pobre le insistiría en salir a la calle, que tomar algo de aire y de sol le venía muy bien. Con ese procedimiento casi siempre conseguíamos que el niño abandonase su cueva y en el primer rellano de la escalera se dejase cubrir la cabeza con un saco. Sabía que si se negaba tendría que volver a casa y enfrentarse con la mirada de tristeza de su madre. Una vez tapada la cara, se le conducía hasta el descampado de detrás de la iglesia, bien agarrado por el brazo para que no tropezase, porque en alguna ocasión le sucedió eso y el saco se le salió y nos arruinó el juego. Al llegar allí, lo sentábamos en una piedra grande que parecía un trono, lo rodeábamos dando gritos de emoción, temblando por anticipado con el susto que a buen seguro íbamos a recibir. Cuando conseguíamos calmarnos, contábamos hasta tres y chillábamos al unísono las sílabas mágicas: '¡Cu-cú! ¡Cu-cú!'. En ese instante, Ramón gritaba '¡Tas!', al tiempo que, con movimiento brusco, descubría su rostro y nos miraba con ojos encendidos de ira. Aunque parezca imposible después de tantas veces repetido el juego, nadie podía evitar el grito, algunos a causa del terror imaginado que proyectaba su mirada, otros de puro asco al contemplar cómo se había corrompido la carne de sus mejillas o cómo había desaparecido parte de la nariz desde la última vez. Ramón era único jugando a las escondidillas. Lamentablemente, murió muy joven.


Categoría: Mediaturas | 3 Comentarios

Selección natural

Publicado por caboclo

 

"El problema será el alimento de las bestias", pensaba a menudo Noé mientras construía la nave. Enseguida volvía los ojos al cielo, pronunciaba su frase preferida -"Dios proveerá"- y conseguía así borrar de su mente las ideas negativas. Es de suponer que en el Arca se alojaran muchas más especies de las conocidas hoy y que sobrevivieran solamente las dotadas de mayor astucia; aquellas que, mientras Noé se ocupaba en otros quehaceres, devoraban con disimulo a sus compañeras de viaje. Desde nuestra perspectiva actual parece extraño, sobre todo si observamos el comportamiento de los dulces koalas, por ejemplo, o de las ovejas.


(Publicado en El Microrrelatista)


Categoría: Mediaturas | 0 Comentarios

Ciencias exactas

Publicado por caboclo

 

Algunos pensamientos despeñan al microcuentista por una espiral vertiginosa. Precisamente, esa sensación le llevó a abandonar los estudios científicos en favor de los humanísticos y a sustituir el análisis por la creación. Conceptos como la nada, la infinitud de los números, el caos antecesor del orden, la energía que ni se crea ni se destruye, tan sólo se transforma, marean a un hombre que ya no quiere ni puede comprenderlos. En los límites exactos de la hoja de papel, en cambio, se siente feliz y pleno, libre en su constreñimiento, dueño de un mundo finito de palabras y tramas, donde cada elemento tiene un origen preciso y un destino exacto. Es bueno ser dios, se dice casi siempre que da fin a una historia. Y descansa.


Categoría: Mediaturas | 1 Comentarios

Pecado original

Publicado por caboclo

 


Nos queremos tanto que lo de uno es también del otro. Ayer, por ejemplo, mamá olvidó ponerme el bocadillo en la mochila y mis tripas rugían desquiciadas a la hora del recreo. Mi amigo del alma me dio parte de su desayuno. Otro día juntamos nuestros lápices de colores porque no completábamos la gama por separado; y en otra ocasión el mismo paraguas nos cobijó, porque diluviaba y mamá no quiere que vuelva a casa mojado.


Hoy estábamos tan contentos por nuestra amistad eterna que en medio del patio nos hemos abrazado para celebrar que había marcado gol. Era tanta nuestra alegría que quisimos multiplicarla con un beso -beso por uno, beso; beso por dos, más beso-. En el justo centro de la cancha, a la vista de todos, estampamos nuestros labios. Su boca sabía rara, creo que por culpa del batido o del sandwich frío que había comido un rato antes. Después hemos ido de la mano hasta las escaleras que bajan desde el porche del colegio y hemos compartido una manzana.



Con este relato he participado en el I Premio de Microrrelatos Temáticos de la Editorial Hipálage. No ha resultado ganador, pero sí seleccionado para formar parte del libro Amigos para siempre. Muchas gracias a la editorial, mis felicitaciones a los ganadores y también a los otros autores seleccionados.



Categoría: Mediaturas | 9 Comentarios

Encuentro

Publicado por caboclo

 

Se perdió entre sus piernas. Mucho después, al descender desde las colinas del deseo, tras cruzar valles de olvido y desiertos de la constancia, volví a encontrarlo enredado entre los rizos del monte de Venus. Nos miramos. "El doctor Livingstone, supongo", acerté a decir mientras me arrojaba en sus brazos abiertos.


Categoría: Miniaturas | 3 Comentarios

Narrativas 21

Publicado por caboclo

 

Pues ya ha salido del horno el número 21 de la revista Narrativas. En él pueden encontrarse espléndidas colaboraciones, tanto en el terreno de la crítica, la teoría y, por supuesto, la creación narrativa. También he tenido la fortuna de que hayan aceptado un relato mío -El experimento Niklaus. Estado de la cuestión- para formar parte del conjunto. Muchas gracias a los editores.


Categoría: | 2 Comentarios

No sabes con quién estás hablando

Publicado por caboclo

 

Tras la discusión deseó que el cielo se abriera sobre su cabeza y un rayo fulgente lo atravesase de parte a parte. Se regodeaba imaginando cómo toda su estructura ósea adoptaría una consistencia similar a las natillas. Ya no volvería a ver su mirada de suficiencia ni aquel rictus despreciativo en sus labios. Zeus no podía negarle un favor tan insignificante.


Categoría: Miniaturas | 2 Comentarios

De la condena

Publicado por caboclo

 

"Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. Él te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo. Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado."
Génesis


El niño es de la piel del mismísimo diablo. Salta, arroja juguetes por los aires, grita, pone los nervios de punta, en pocas palabras. Cuando ya no puedo soportarlo más, reúno determinación y lo hago desaparecer. Los pacientes que aguardan en la sala de espera inician tímidas protestas, más por sorpresa ante mi acción ejecutiva que por verdadera indignación.


Por la tarde me toca rendir cuentas al jefe de los negocios cerrados durante la jornada. Mientras espero que llegue mi turno, oigo golpes y jaleo dentro del despacho. "El jefe se ha traído hoy al niño", me informa el compañero que acaba de salir con gesto de resignación. Desde luego las condiciones de trabajo en este infierno han empeorado dramáticamente en los últimos tiempos.


Categoría: Mediaturas | 0 Comentarios

Alter ego

Publicado por caboclo

 

"Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía."


Antonio Machado


En la penumbra del dormitorio, una figura triste, sentada en una sillita de enea, me observa cada noche. Hasta el momento no he cruzado palabra con la aparición, porque flota en el ambiente el inequívoco sentir de que entre ambos ya está todo hablado. El amanecer despierta la razón dormida para comprobar que nada ni nadie se encuentra en el rincón, salvo la sillita cubierta de ropas y un vago temblor de sombra y luz que se diluye al tiempo que la maquinaria pone en funcionamiento las tareas rutinarias: higiene, alimentación, trabajo, contacto familiar. Convertido ya en nueva rutina, el encuentro nocturno con la sombra es el momento más intenso de la jornada. Ahí, en la sillita de enea, con gesto de abatimiento contenido, velo mi propio sueño y callo.


Categoría: Mediaturas | 3 Comentarios

 
 
Web Statistics