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Presentación del Caboclo

Cuando leía Viva el pueblo brasileño, de Joao Ubaldo Ribeiro, inicié también mi vida virtual. Los seres humanos nos debemos a esas casualidades, así que, si bien poco tengo que ver con el comedor de carne humana de la novela brasileña, no pude evitar dejarme llevar por el atractivo del personaje y adopté su nombre como alias en mi primer blog, allá por el año 2002.


Desde entonces no he podido liberarme del apelativo, que siempre ha vuelto a mí, pese a que he intentado derrotarlo en diferentes batallas. Cuando uno es vencido tantas veces lo más sensato es dejarse llevar y terminar pactando una paz inestable con los vencedores. En mi caso, las condiciones del armisticio incluían una cierta disociación de personalidad. Mi cara más presentable aparecería bajo el paraguas del nombre auténtico, mientras que aquello de lo que me avergüenzo se ocultaría tras el alias de Caboclo Capiroba.


Sin embargo, el tiempo termina por confundir aquello que en principio parece ser diáfano. En estos años, lo presentable se ha teñido de lo oculto y la cara b de la personalidad, en consecuencia, dejó de tener sentido. La situación creada, como se figurarán, no me ha resultado satisfactoria. Es por eso que me he enfrascado en reflotar un viejo proyecto y me dedico a reunir en un único espacio todo aquello que debiera haber permanecido en el anonimato.

 
 
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