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Asfalto

Publicado por caboclo

 

Beberte el asfalto no entraba en lo pactado. Te lo dije un día hace ya mucho, mucho tiempo, pero no quisiste escucharme; todo te parecía una bobada, precauciones propias de mentecatos sin sangre en las venas. 

No lo habíamos pactado, no habíamos hablado de que acabaras vomitando petróleo. 


Acelero. A tope. Me gusta ver la línea discontinua transformarse en una estela blanca y cómo el coche parece engullir el firme a grandes tragos. La aguja del velocímetro ya debe estar medio loca: acelero, freno, vuelvo a apretar. Adentro y afuera, como si me la follara, como si me follara esta carretera de mierda que me conduce a la ciudad.



Habíamos pensado en otras situaciones: la vejez, los hijos que nos abandonan en un asilo -¿ya no te acuerdas?-. Me decías que nos cuidaríamos uno al otro, que éramos inseparables. 

No habíamos pensado en tu cara arrastrada por el pavimento. 


Tocar la palanca, apretarla como si estuviera exprimiendo un limón, sacarle su jugo una y otra vez. Y el coche que salta, se queja, ronca porque lo llevo al límite, porque lo hago sufrir en este atardecer de medias luces y formas difusas.



No nos habíamos dicho nada del estruendo, ni del pecho abierto en canal atravesado por la barrera. De eso no habíamos hablado, no, no lo habíamos hecho. 

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