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Una bala

Publicado por caboclo

 

Me queda una bala. Solamente una. He decidido reservarla hasta el último momento y utilizar mientras tanto munición convencional, aunque sé que es inútil en estas circunstancias. El impacto de la posta de mi escopeta sobre el pecho de estas alimañas produce un terrible dolor a juzgar por los alaridos, pero no termina con sus vidas, simplemente retrasa lo que ya es inevitable.

La manada me tiene cercado en este claro del bosque bañado por la luz suave y azulada de la luna invernal. Las fieras avanzan lentamente, cerrando el círculo con prevención. Están tan próximas ya que puedo ver los hilos de saliva que penden de sus belfos, las encías encarnadas que brillan con breves destellos y el blanco sucio de sangre antigua en sus colmillos. Disparo sobre ellas una y otra vez. Cargo y vuelvo a hacerlo. ¡Qué absurdo baile de cuerpos!

Me queda una sola bala en el tambor del revólver y creo que ya ha llegado su turno en esta trágica farsa. Deposito con movimientos medidos la escopeta sobre el suelo. No quiero hacer ningún gesto brusco que lance la violencia final del ataque. Con la misma parsimonia desenfundo el arma corta, introduzco el cañón en mi boca y acaricio el gatillo. Presiono y me parece sentir cómo la pequeña pieza de plata inicia su tarea destructora. La muerte es instantánea; sin embargo, aún tengo tiempo para arrepentirme de haber retado al líder de la jauría, mi padre.

Categoría: Monstruos, Mediaturas | 0 Comentarios

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