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El regreso

Publicado por caboclo

 

Los niños-diablos siguen aquí, coloradotes, con los rabillos juguetones entrelazados y esos cuchicheos con que traman maldades apenas imaginadas. Por la ventana del aula penetra la mañana que, poco a poco, se va adueñando de los rincones en sombra para mostrar el variopinto pelaje de quienes se mantienen a duras penas en sus posiciones. Necesito algo de rodaje para que las palabras capaces de amansar a las fieras viajen fluidamente entre estas cuatro paredes. Busco aire en una imagen del exterior, algo amable que me nutra, y encuentro la silueta del viejo castaño de indias. Él siempre está allí, pase lo que pase, como un seguro al que abrazarse cuando el entorno parece anunciar solamente naufragio o abatimiento o hastío.

Con la espalda reposando sobre el tronco leñoso, la joven profesora que desde hace unos meses ha alegrado las aulas con su voz cantarina y la dulzura de sus miradas parece reposar. Las ratas han mordisqueado su cuerpo hermoso y el color verde ceniciento se ha adueñado ya de lo que queda de sus mejillas. Alrededor del castaño y de su inquilina se reune el aquelarre de las góticas, tan negras y tan iguales. Una de ellas, la que lleva la voz cantante, blande una daga con la que practica una incisión en el pecho macilento de la mujer. Al parecer habían olvidado comer su corazón antes de las vacaciones. Por las prisas, ya se sabe.

Vuelvo la vista a mis alumnos y comienzo la lección mientras pienso que hay lugares en el mundo donde ahora es verano.

Categoría: Monstruos, Mediaturas | 0 Comentarios

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