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San Pedro

Publicado por caboclo

 

En mi habitación vivía también San Pedro. Con sus barbas blancas que llegaban hasta la mitad del pecho y la enorme llave aferrada con celo por su mano derecha. Siempre estaba en el mismo lugar y con el mismo gesto. Únicamente variaba la mirada, oscurecida de pena cuando yo había torturado una lagartija o resplandeciente si había sido capaz de terminarme el plato de espinacas. Me parecía San Pedro un termómetro del comportamiento que solamente yo podía comprender. Paradójicamente, en vez de intimidarme su imponente presencia, las casi imperceptibles recriminaciones o la moderada aprobación de su gesto me consolaban.


Muchos años después, al calor de la chimenea y del aguardiente que inhibe las vergüenzas, fui capaz de preguntar a una de mis hermanas cómo era posible que asumieran la presencia del santo con tanta normalidad.


- ¿Qué San Pedro? -me preguntó con extrañeza-. ¡Ah! El santo que dejaron en la casa mientras se terminaba la obra de la iglesia.


En ese instante me sentí ridículo por recordar que en las noches de verano, cuando el calor impedía coger el tren del primer sueño, el santo murmuraba por lo bajo y lloraba al verse abandonado en una casa tan grande y tan vacía. Tan sólo era un niño, pero en el rumor que brotaba del pecho de San Pedro aprendí lo difícil que es alcanzar la felicidad, incluso para los santos enormes que deciden la entrada en el Paraíso, incluso para las imágenes de madera olvidadas.


- Sí, sí, la imagen estaba comidita de ratones. Por la noche formaban un escándalo tremendo que no dejaba dormir a nadie.


Y como si no tuviera mayor importancia, mi hermana se sirvió otra copa de anís, se acomodó el chal de lana que cubría sus hombros y cambió el rumbo de la conversación.


Categoría: Criaturitas, La casa encantada, Mediaturas | 3 Comentarios

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Comentarios

1
De: Sandra Montelpare Fecha: 2011-05-31 17:49

Lo leí tres veces y sigo diciendo Qué bien escrito!!! Chapeau! Me gustó tanto



2
De: Elisa Fecha: 2011-05-31 18:37

Pues sí, como dice Sandra, muy bien escrito. Además, me gustaría destacar el ambiente tan bien recreado y esa imagen magnífica del santo de las barbas blancas llorando porque echa de menos su casa. ¿Y qué decir de ese final de los ratones...?



3
De: Caboclo Fecha: 2011-06-02 18:35

Muchas gracias por pasaros por estas páginas y dejar algo escrito; sobre todo si se tiene en cuento que estoy hecho un descastado, no comento, leo pocos blogs y he perdido la regularidad bloguera. Pero es que son tiempos muy ocupados estos.



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