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La Grande Armée

Publicado por caboclo

 

De Memorias de días extraños,
de Jean-Cristophe de la Villebaune,
gentilhombre.


Una vecina del faubourg de Saint Antoine encontró su cadáver a primeras horas de un frío amanecer de marzo. El cuerpo estaba cosido por cicatrices de origen incierto que dibujaban una historia desconocida, sin duda terrible, quizás heroica. Nada en él ni en las escasas posesiones que lo acompañaban permitía establecer la filiación del difunto, de modo que tras la lógica sorpresa por tan siniestro descubrimiento, la mujer no consideró un acto inmoral apropiarse de la botonadura de plata que albergaba uno de los bolsillos del difunto y siguió con la rutina cotidiana tras informar del descubrimiento a la autoridad competente. El cuerpo fue trasladado al depósito de cadáveres de la beneficiencia en espera del definitivo viaje al cementerio de Pere Lachaise.


Alguien muy cercano a los acontecimientos me ha asegurado que al cabo de unos pocos días la mujer recibió la visita del viejo difunto. Al parecer, con gran enojo en el semblante exigió a la vecina la devolución de la botonadura y abandonó después la casucha maloliente. Cuenta mi confidente que los gritos de horror de la mujer fueron tales que algunos hombres saltaron a la calle armados con maderos y otras armas, que rodearon al viejo, ya con evidentes signos de descomposición, y se arrojaron sobre él. Pero aquel no era ya un cuerpo vivo, sino una imagen desvaída por el tiempo que los instrumentos punzantes atravesaban sin dañar. Solamente los dotados de mayor valor y presencia de ánimo fueron capaces de seguir al aparecido en un largo peregrinar que les llevó hasta el Hospital de los Inválidos. Dicen que ante la puerta que da acceso al patio de armas el fantasma abrió el saquito donde llevaba los botones y los esparció sobre la palma abierta de su mano. A la luz de la luna el grupo de ciudadanos pudo apreciar con claridad meridiana el fulgor del águila imperial grabada en los mismos y cómo el cuerpo putrefacto traspasaba la recia puerta. Al instante, un grito sobrenatural de júbilo viajó por la noche de París: poco a poco, los compañeros de armas, gentes corrientes que protagonizaron el mayor cambio de estado conocido, volvían a encontrarse. Tan sólo faltaban unos meses para que la fragata Belle Poule trajese de regreso el cuerpo del Emperador.


Categoría: Memorias de días extraños, Mediaturas | 1 Comentarios

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Comentarios

1
De: Pablo Gonz Fecha: 2011-06-08 21:12

Hermosa historia. Muy bien escrita. Es un placer habitarla, creo que por el ritmo y por la precisión con la que usas las palabras.
Abrazos fuertes,
PABLO GONZ



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